
(Foto Francesca Woodman)
Esa tarde en la playa el muerto marcaba el punto perfecto que dividía las dos partes de la orilla, boca abajo, desconocido, púdicamente anónimo, no respiraba a través de los empujones desesperados de un socorrista espontáneo y alguien de repente dijo cuidado al meteros al mar como diciendo mirad lo que le ha pasado al muerto y otro alguien contestó no va a pasarnos nada como respondiendo el cupo ya está cubierto por hoy.
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